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De la Semilla al Territorio

Entrevista con DOMA, Ciudad de México, México. AD: Adriana David Ortiz Monasterio En esta entrevista, New Generations conversa con Adriana David, fundadora de DOMA, sobre la estrecha relación entre la arquitectura y las redes alimentarias en su tierra natal, México. Adriana entiende la arquitectura como una oportunidad para responder al territorio, a sus ecosistemas y…

Entrevista con DOMA, Ciudad de México, México.

AD: Adriana David Ortiz Monasterio

En esta entrevista, New Generations conversa con Adriana David, fundadora de DOMA, sobre la estrecha relación entre la arquitectura y las redes alimentarias en su tierra natal, México. Adriana entiende la arquitectura como una oportunidad para responder al territorio, a sus ecosistemas y a sus comunidades, tanto humanas como no humanas. Su investigación gira en torno a la soberanía alimentaria y discurre en paralelo al activismo en torno a las semillas y la diversidad bioclimática mexicana, mientras que su práctica apuesta pr la reutilización, la sostenibilidad y una conexión sensible entre arquitectura, naturaleza y vida cotidiana.

México presenta unas condiciones particulares para el ejercicio de la arquitectura, especialmente para las nuevas generaciones de arquitectos que comienzan su propia práctica. ¿Cómo describirías las oportunidades y responsabilidades que implica ejercer la arquitectura en México hoy?

AD: Están sucediendo muchas cosas en el mundo actualmente, especialmente con todo lo que se ve en redes sociales. Nuestra ciudad es enorme y nuestro país es vasto, así que hay mucho espacio para diferentes ideas arquitectónicas. Aquí los arquitectos no tenemos las mismas normativas estrictas que en otros lugares. Por un lado, es liberador, pero también tiene sus inconvenientes. En algunos países, se debe adquirir mucha experiencia en un estudio grande antes de poder emprender por cuenta propia, pero aquí en México no es necesario. Es un poco más flexible, lo cual puede ser tanto positivo como negativo. Por lo tanto, depende de nosotros, los arquitectos, asegurarnos de crear arquitectura de calidad para nuestra ciudad. Personalmente, lo veo como una verdadera oportunidad que debemos aprovechar. Es un proceso de aprendizaje y de ganarnos la confianza de los clientes. La responsabilidad es inherente al territorio, ya que requiere un equipo profesional de ingenieros para garantizar la seguridad y la coherencia del proyecto. Esta libertad inspira una reflexión sobre las regulaciones y las necesidades de los proyectos, incluso si no son obligatorias.

¿Y cómo se refleja esta responsabilidad en tu práctica?

AD: Siempre he estado aprendiendo, esforzándome por articular dos ideas clave. Estoy deseando ampliar mi portfolio con nuevos proyectos. Sin embargo, creo que es vital ser conscientes de nuestra época y de los territorios específicos donde trabajamos. Esto incluye considerar las diversas energías y usuarios, tanto humanos como no humanos, que interactúan con nuestros espacios.

Simultáneamente, he estado profundamente comprometida con los conceptos de soberanía y conservación de las semillas. Mi madre, activista, fundó la ONG Canasta de Semillas, dedicada a los bancos de semillas en las zonas bioclimáticas de México. Durante mi infancia, estuve expuesta a las dificultades políticas, territoriales y sociales relacionadas con la diversidad de semillas para la alimentación. Por esto, mi madre solía encargarme el diseño de bancos de semillas cada vez que conseguía una beca. La diversidad de México implica que debemos considerar una amplia gama de ecosistemas y terrenos, cada uno de los cuales requiere diferentes enfoques arquitectónicos. Por ello, solicité una beca para crear el “Manual de diseño arquitectónico de Banco de Semillas”, con el objetivo de empoderar a las comunidades para autoconstruir estos bancos de semillas en diversos lugares. Sin embargo, durante la investigación nos dimos cuenta de algo: las semillas son diminutas, se pueden guardar en la nevera, en una estantería o un rincón de la casa. No necesitamos necesariamente nuevas estructuras arquitectónicas para ellas. Lo que sí necesitamos es crear conciencia sobre este tema.

¿Qué crees que hace falta en cuanto a esa conciencia sobre los alimentos?

AD: Es fundamental que la población entienda de dónde provienen sus alimentos. Sin embargo, la lógica capitalista ha llevado a la implementación de políticas que han alejado a la sociedad de este conocimiento. Hoy entramos en los supermercados sin saber de dónde provienen los alimentos ni cómo se cultivaron. Esta falta de conocimiento nos vuelve vulnerables. Cambios políticos, desastres naturales o eventos como la pandemia pueden alterar los sistemas alimentarios, provocando aumentos de precios y afectando a las comunidades más vulnerables. Si bien la vida urbana tiene ventajas, a menudo pasamos por alto las zonas rurales donde se cultivan nuestros alimentos. Como arquitectos, rara vez consideramos estas áreas en nuestros diseños, a pesar de su crucial importancia. Entonces la pregunta es: “¿Cómo podemos comunicar esta importancia y empoderar a los arquitectos para transformar estos sistemas hacia una mayor justicia y democracia?”.

Mi investigación, a la que llamo la arquitectura de la soberanía alimentaria, se centra en tres ingredientes de México: maíz, frijol y calabaza, conocidos como MILPA, las “tres hermanas”. Estos alimentos básicos sustentaron civilizaciones en América Central, con su alto valor nutricional. He profundizado en la cadena alimentaria histórica desde la época de Tenochtitlán, con especial atención a la Ciudad de México. Exploro cómo se alimentaba la población y me sumerjo en lugares como Xochimilco. Mi principal interés es reconectar a las personas con la comida que consumen. Por eso he comenzado a impartir talleres con arquitectos y artistas, empezando con proyectos pequeños y ampliándolos gradualmente, fomentando esa reconexión. Comparto estas historias para enfatizar la importancia de comprender de dónde vienen nuestros alimentos. Debemos aceptar que, al igual que otros animales, formamos parte de una comunidad multiespecie más grande, y que es a través del cuidado y la preservación que esta comunidad prospera. Por eso enfatizo la importancia de recordar recetas y métodos de cocina tradicionales. Al recordar y valorar nuestros ingredientes y a los campesinos que los cultivan, contribuimos a la diversidad y resiliencia de nuestra tierra.

¿Y qué papel puede tener la arquitectura en todo esto?

AD: Reflexiono constantemente sobre la conexión entre la humanidad y la naturaleza, especialmente en la arquitectura. La forma en que construimos edificios, en constante oposición a la tierra, nos hace sentir desconectados. En mi investigación aparecen constantemente tres conceptos clave: justicia alimentaria, seguridad alimentaria y soberanía alimentaria. La ONU define la seguridad alimentaria como tener suficiente comida, sin considerar su calidad u origen. Mientras haya algo para comer, se considera seguro. Esta perspectiva, bastante superficial, ignora el sistema alimentario en su conjunto y sus implicaciones. Por otro lado, la soberanía alimentaria considera cada paso de la cadena, desde la semilla hasta el consumidor. Aborda la educación, la economía y la salud, y plantea preguntas sobre el origen y el valor nutricional de los alimentos. Estas preguntas también son relevantes al pensar en espacios arquitectónicos. Existen numerosos espacios dentro del sistema alimentario que los arquitectos deben considerar. Se trate del diseño de mercados, instalaciones de almacenamiento, restaurantes o cocinas, cada decisión arquitectónica impacta la vida de los agricultores.

¿Puedes dar algún ejemplo de esto?

AD: Tenemos capacidad de acción en varios puntos de la cadena alimentaria, muchos de los cuales son espacios arquitectónicos. Consideremos como ejemplo la Central de Abastos de Ciudad de México, diseñada en 1982 para optimizar la gestión y almacenamiento de productos.

Sirve como centro donde se canalizan alimentos de todo el país antes de ser distribuidos, un sistema heredado que recuerda a la época colonial, donde la centralización era clave: se enviaban los mejores productos al país colonizador y se dejaba el resto para las colonias. Nadie se detuvo a reflexionar sobre este contexto histórico, y aquí es donde la arquitectura juega un papel importante, perpetuando la injusticia desde el inicio de la cadena alimentaria. Esto subraya la importancia de una planificación holística que considere a todas las partes involucradas, y como arquitectos, a menudo subestimamos nuestra capacidad de acción en estos asuntos, pero la realidad es que tenemos el poder de generar cambios.

¿Qué pueden los arquitectos hacer al respecto, cómo afronta DOMA estos espacios?

AD: Hemos identificado los espacios que son sostenibles y los que parecen injustos dentro del sistema alimentario. Los primeros se convierten en oportunidades para nuevas ideas arquitectónicas. De cara al futuro, me gustaría centrarme en el desarrollo de cadenas alimentarias híbridas, espacios que combinen la sostenibilidad con conceptos innovadores. Inicié un proyecto llamado Limbos Semillas como plataforma activista, y a través de esta iniciativa, organizamos eventos y festivales desde 2015. Comenzó como una instalación pública con bancos de semillas y llevó a la formación de una red de guardianes de semillas en la Ciudad de México. También exploramos Xochimilco y Milpa Alta para aprender de la producción local, hemos organizado proyecciones y charlas centradas en estos temas, y recibimos un premio a la mejor acción ambiental. Este viaje se ha centrado en conectar y comprender las prácticas sostenibles que merecen nuestra participación.

¿Con qué principios y métodos opera el estudio?

AD: Nuestra práctica arquitectónica se centra en la reutilización adaptativa y la sostenibilidad. Manejamos dos estudios paralelos al mismo tiempo, que a veces se cruzan, dependiendo de la carga de trabajo. Me apasiona especialmente la arquitectura residencial, donde se puede trabajar la dimensión emocional y la conexión con la naturaleza.

En nuestros proyectos utilizamos un método basado en el intercambio de cartas con los clientes, que revelan detalles sensoriales, ideas y deseos personales del cliente que influyen en el diseño. Consideramos la energía solar, utilizamos técnicas de vivienda pasiva y abordamos condiciones ambientales como la humedad. Esta metodología nos permite conectar la arquitectura con la naturaleza y con las emociones y los sentidos de nuestros clientes.

Entrevista realizada en inglés por Gianpiero Venturini

Edición y adaptación al español: Marta Hervás Oroza

Retrato autora: Cortesía de DOMA

Fecha de publicación
4 de junio de 2026
Revista
Blog Fundación Arquia
Tema materia
Ecosistemas Interconectados, Entrevista
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