Editorial: Condensación
La primera página nos muestra un dibujo de una joven vista desde arriba, sentada en una mecedora y sosteniendo un gato blanco. El punto de vista, a cuarenta y cinco grados, está perfectamente orientado al norte. Un centímetro en la imagen representa diez en la realidad: escala 1:10. En la segunda, la visión se eleva…

La primera página nos muestra un dibujo de una joven vista desde arriba, sentada en una mecedora y sosteniendo un gato blanco. El punto de vista, a cuarenta y cinco grados, está perfectamente orientado al norte. Un centímetro en la imagen representa diez en la realidad: escala 1:10. En la segunda, la visión se eleva para volver a mostrarla, en la misma posición, junto a dos coches y una extraña figura que parece la parte delantera de una ballena. Aquí, un centímetro en la imagen representa un metro en la realidad: escala 1:100. La tercera muestra la misma escena situada en el patio definido por un edificio de planta en forma de U. Esta vez, un centímetro en la imagen representa diez metros en la realidad: escala 1:1000. La secuencia, en saltos de diez, continúa para mostrarnos los suburbios de Utrecht, el territorio completo de los Países Bajos, la Tierra, el sistema solar hasta que somos capaces de ver, incluso, Alpha Centauri.
La página treinta regresa a la escena inicial. Ahora, el zoom aumenta con el paso de las hojas para mostrarnos un mosquito posado en la mano de la joven, la sección de su piel a través de la visión de un microscopio, totalmente fuera de la vista humana y de nuestra capacidad de detectar siquiera el color. Los sucesivos saltos nos permiten ver bacterias y virus, hasta llegar a moléculas y átomos, electrones y protones, elementos cuyas características y “secretos” comenzaban a conocerse en aquella Europa de mediados de s.XX. Del 1:1 al 10:1013 en apenas unas páginas.

En 1957, el educador progresista, misionero y pacifista neerlandés Kees Boeke publicaba Cosmic View, un libro que combinaba texto y dibujos para navegar entre distintas escalas. En conjunto, nos permite ver el pequeño espacio que ocupamos, como especie, en un universo infinito, pero también nuestra escala colosal comparada con el movimiento incesante de los electrones. Y es que en aquel contexto temporal arrancaba la carrera espacial de la Guerra Fría y ya se conocían las implicaciones de las reacciones en cadena y del uso armamentístico de la fisión nuclear. Todo ello fuera del umbral de nuestra visión. Y todo el universo en apenas cuarenta saltos de escala.
El pequeño texto que abre y cierra el libro, aún relevante casi setenta años después, es un alegato en favor de la educación, de la atención a las escalas que nos construyen como especie y los “poderes cósmicos” a nuestra disposición en la lucha por lo que denomina “el bien común”. Unas líneas que esbozan una suerte de humanismo no-tan-antropocéntrico precedente de muchas luchas y sensibilidades que hoy se sienten presentes en geografías y disciplinas a lo largo y ancho del mundo.

Dos décadas después, en 1977, los diseñadores Rae y Charles Eames hacían su particular homenaje al trabajo del pedagogo en Powers of Ten [Potencias de diez], una versión contemporánea de la misma idea. Producido como pieza audiovisual, una película de nueve minutos, fue en realidad un encargo de la empresa de procesadores IBM. De nuevo, otro contexto social y cultural condicionaba el alcance de esta visión: el auge de los sistemas computacionales previos a la popularización de los ordenadores personales.
El documento ha pasado a la historia del diseño, fue premiado en diferentes contextos y hoy forma parte de colecciones tan relevantes como la de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, influenciando y siendo homenajeado también por una multitud de trabajos en distintos campos. A pesar de la aparente poca relación con la práctica de la pareja y, en general, el estado del arte del diseño de los setenta y ochenta, la película supuso un cambio de paradigma frente al ideario moderno y sus escalas de atención, especialmente en lo relativo a la producción espacial.

Un nuevo salto, esta vez en el tiempo, nos lleva a la actualidad. En 2017, el cineasta y creador de juegos David O’Reilly la desarrolladora Double Fine Presents lanzaban Everything, un videojuego disponible para diferentes consolas y ordenador, en el que a través de un simple clic se podía cambiar de punto de vista para encarnar un cerdo, un ciervo, un planeta o una bacteria, elementos naturales o artificiales. Y todos ellos con sus movimientos, velocidad, acciones y escala. El juego, entre la experiencia ambiental y la arquitectura del paisaje, incluye las narraciones del filósofo Alan Watts, y es un recordatorio de las interconexiones escalares que mantienen vivo nuestro mundo.Ya incorporada la perspectiva transescalar en los imaginarios del diseño y la arquitectura contemporáneos, el trabajo de O’Reilly se alinea con los discursos que buscan, también, descentrar la mirada desde el antropocentrismo hasta puntos de vista más-que-humanos, que rompen también los marcos escalares y materiales que definen nuestras cosmovisiones.
El antropólogo brasileño Gustavo Lins Ribeiro está entre quienes ha abordado la cuestión de la escala en distintos campos de investigación, apuntando a la tendencia de las disciplinas, en particular las ciencias sociales, de establecer ámbitos escalares rígidos —local, regional, nacional…— en lugar de intentar entender las influencias interescalares en un punto o momento concreto. Su concepto de “condensación” —tomado de Freud—es una idea operativa para pensar las prácticas materiales situadas en un lugar y en un tiempo. La condensación “llama la atención sobre la heterogeneidad y la homogeneidad simultáneamente y, si bien permite reconocerlas, disuelve la dicotomía gran/pequeña escala, así como la distinción entre pasado y presente —de hecho, macro y micro, así como pasado y presente, siempre se actualizan en un momento determinado—”1. Distintas determinaciones (temporales, espaciales…) se concentran en un solo lugar.
Hoy, cuando las prácticas de diseño comienzan a superar el antropocentrismo para ocupar posiciones y sensibilidades más-que-humanas, entender las complejidades y oportunidades de la escala aparece como el reto central. Más allá de las tiranías de la visión y de la escala —que definen lo que queda por debajo y por encima de lo visible y lo perceptible—, y más allá de la encarnación —con sus implicaciones, también, antropocéntricas— reconstruir el contrato escalar implica entender las implicaciones a diferentes niveles en lo espacial, pero también en lo temporal.
- Fecha de publicación
- 24 de septiembre de 2025
- Revista
- Blog Fundación Arquia
- Tema materia
- Arquitectura y Sociedad



