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RIBEREÑA: Vibraciones del cauce | Arquia - Centro de Documentación

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RIBEREÑA: Vibraciones del cauce

Water is not fully known. Two molecules that can never be together have joined. Their polarity attracts them. Her quantum life Her state of interaction, our cellular life now constantly subjected to destructive technogenic acts. El agua nos llama and we don’t hear. Water is leaving us. Cut and dry. Can we move her again,…

Water is not fully known.
Two molecules that can never be together
have joined.
Their polarity attracts them.

Her quantum life
Her state of interaction, our cellular life
now constantly subjected
to destructive technogenic acts.

El agua nos llama
and we don’t hear.
Water is leaving us.
Cut and dry.

Can we move her again, to sing with us?
Can we plead for her return?

Cecilia Vicuña1

El agua constituye uno de los espacios más urgentes y éticamente complejos de la praxis política y de la investigación teórica del Plantacionoceno. Nuestro modelado del planeta está ocurriendo mediante la reconfiguración y rematerialización de las aguas: el sistema de corrientes atlánticas se ralentiza,2 los acuíferos ancestrales se agotan con rapidez y los ríos que antes fluían con fuerza ahora llegan exhaustos al mar. Las diez primeras lunas de nuestra existencia las pasamos inmersas en una bolsa de agua y, aún entonces, ella permanece por debajo del umbral de nuestra atención.

Uno de los principales propósitos del proyecto hidrofeminista es reimaginar el agua a través de la reconsideración del cuerpo humano. La teórica cultural y escritora Astrida Neimanis —en su libro “Bodies of Water” (Bloomsbury Publishing, 2019)— nos propone que cambiar cómo sentimos y pensamos nuestros cuerpos implica también cambiar cómo nos relacionamos con el agua. Pensar en la porosidad húmeda de mi piel y en el agua como encuerpada interrumpe la idea de que el agua está “allí afuera”, distante de nuestra consciencia material, y cuestiona las abstracciones ambientales que permiten que los cuerpos acuáticos sean explotados como recursos. Nos moviliza a cuidar y cultivar formas más armónicas de estar con el agua, a sentir el curso que nos recorre en el presente más inmediato. Pero, frente a esta experiencia de interconexión y flujo, ¿cómo podríamos realmente habitar y acompañar al agua en nuestro cuerpo y en el mundo? ¿Cómo regenerar el agua que utilizamos?

Desarrollar unas prácticas que se inscriban en las políticas de la localización postuladas por Adrienne Rich y Donna Haraway, exige mantener una atención sostenida a la complejidad y la especificidad del agua. El pensamiento hidrofeminista, enraizado en un feminismo posthumanista, nos invita a comprender los cuerpos como operadores simultáneos en distintos registros que se interpenetran: desde lo biológico y químico hasta lo tecnológico, lo social, lo político y lo ético.

Existe también un registro más sutil, uno que podría llamar espiritual: la resonancia que emerge al reconocer la importancia de la vibración del agua como transmisora de información, como puente con el cual podemos comunicarnos a través de la voz,3 para escuchar su flujo, responder a su ritmo y habitarla desde un lugar de frecuencia compartida. En este encuentro, pensar, sentir y hacer se entrelazan, y la práctica se convierte en un gesto de atención radical, una forma de estar con el agua en la intensidad del ahora. En la molecularidad de la voz sintonizamos con una empatía elemental originaria que siempre está ahí, latente, nadando bajo la superficie de nuestra piel y las formas ondulares del agua.

El río Llobregat a su paso por Pallejà. Cristina Ramos González.

El cuerpo, como el agua que recorre la tierra, es un sistema en constante movimiento. El ritmo del corazón, su pulsación, bombea el agua de nuestro cuerpo en forma de plasma; toda la sangre completa la vuelta al sistema circulatorio en un minuto. Es decir, prácticamente toda la sangre está siempre en movimiento. Dentro del cuerpo no existe agua completamente estancada: incluso la que habita los órganos tiene flujo y recambio, y en el interior de las células el agua entra y sale de manera constante. Así, nuestro cuerpo es un gran río en miniatura, con zonas de flujo rápido, como la sangre, y zonas de intercambio más lento, como los tejidos.

De igual forma, uno de los principios vitales del río es que “son esencialmente canales de desagüe. Están pensados para drenar agua desde una gran área hacia el mar; no están destinados a ser zonas de almacenamiento. Cualquier canal abierto para dejar pasar el exceso de agua debe tener una salida fácil hacia el mar o hacia otro canal de agua”4. Yo bebo agua y esta se convierte en plasma sanguíneo… Antes de ser gestante, el líquido amniótico es arroyo y río que llena albercas. Si es así, entonces, ¿dónde comienza el recorrido de mi cuerpo?

La vitalidad del río está disonante. A medida que los humanos reencauzan sus aguas, construyen embalses, diques y represas, su flujo natural se frena y fragmenta. Las aguas que antes fluían libres, llevando transformación y transmisión, se han vuelto corrientes controladas, sometidas a propósitos hipercapitalistas. Así, la fuerza del río se domestica y su cuerpo se vuelve menos vital, más previsiblemente útil hasta llegar al agotamiento. Como nuestro propio cuerpo, que requiere movimiento para sostener la vida, el río necesita fluir para existir plenamente. Cada embalse, cada canal rectificado, nos recuerda que la infraestructura puede protegernos o dañarnos, pero siempre altera la esencia misma del agua.

Fecha de publicación
10 de diciembre de 2025
Revista
Blog Fundación Arquia
Tema materia
Pensamiento y crítica
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