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La necesidad de renovación de un antiguo negocio de fabricación y venta de joyas motiva su traslado a un local más céntrico para desarrollar un nuevo concepto comercial. La privacidad, cualidad que diferenciaba al antiguo taller de otras joyerías, contrasta con las características del nuevo local, muy abierto a una pequeña plaza. El programa, por otro lado, se divide en dos partes bien diferenciadas: taller de fabricación y local de venta al público.
El taller reproduce la hermeticidad del antiguo local y se relaciona con la plaza a través de un sólo hueco. Un acceso perpendicular a la fachada genera un patio horizontal que ilumina el interior. El resto queda cerrado por la misma piedra de Sierra Elvira que existe en el edificio. Este material se introduce en el interior del hueco de 3.07 m. de altura y construye el espacio, suelo, paredes y techo, hasta la segunda puerta de seguridad.
La zona de venta se manifiesta como un vaciado irregular en la edificación, protegido del exterior por una caja de bronce abierta hacia el interior del local. Un suave giro respecto del plano de fachada permite el acceso y genera recorridos tangenciales que secuencian la percepción del espacio interior. La forma de descubrir el contenido queda entonces determinada por el interés y la curiosidad que suscita.
En la exposición, los artículos se muestran en nuevos vaciados y las joyas más valiosas, en pequeñas urnas de cristal dentro de la caja metálica; esporádicamente el local se usa como sala de exposiciones.
La caja de metal, sin llegar hasta el techo del local, permite que la luz natural resbale por sus bordes impregnando todo el espacio interior del color del material. Sus dimensiones y ángulos se ajustaron en obra para conseguir perspectivas más naturales y una escala adecuada a cada posición, quedando fijadas en 10.60 m. de longitud y 2.71m de altura máxima. Está realizado con placas de bronce de fundición a la arena de 4 a 6 mm de espesor, con una textura de martilleado irregular que nos aproxima al trabajo minucioso del joyero. Todas las placas reproducen un modelo, pero cada una es distinta a las demás en sus imperfecciones propias del proceso de fundición. Este sistema de trabajo de la textura del material constituye una referencia a los anticuarios que subsistieron en ese lugar.

Manantial, Caja de Resonancia constituye la propuesta piloto del programa transite, y en concreto de “transite04”, cuyos autores son los arquitectos de esta obra. Este programa se realizó con motivo del Día Mundial de Arquitectura y la obra fue construida en colaboración con artistas plásticos, sirvió como modelo para el desarrollo del concurso transite 2006 en Andalucía, tras recibir el premio FAD 2005 en la categoría de “espacios efímeros”.
La pieza se sitúa en un vacío peligroso que se encontraba en medio de un andamio en el centro histórico de Granada y se configura al mismo tiempo como instalación urbana y como infraestructura de seguridad de la obra de rehabilitación. Las características conceptuales de este espacio dan como resultado una caja diseñada para generar acústicamente resonancia en el entorno urbano.
Los cerramientos norte y sur, así como el suelo son puertas abatibles de grandes dimensiones que tienen una doble función: mejorar el tránsito peatonal durante el día, con la caja cerrada y permitir el paso de camiones a la obra de rehabilitación durante la noche, abriéndose y plegándose hasta formar un pasaje perpendicular. Tienen una doble piel, la exterior de chapa metálica perforada y la interior de madera con agujeros de diferentes tamaños y formas. La estructura metálica conforma una cámara de aire capaz de ocultar en su interior los dispositivos de luz artificial y sonido necesarios.
La luz natural que no es controlada por el hombre se denomina MANANTIAL. Por el día se filtra por estos agujeros bañando todo el interior; el espacio está concebido entonces como un santuario o un baño de la Alhambra que nos recuerda a una Al-Quibla, ejemplo de la estrecha relación entre la oración y el baño.
Durante la noche se activa el manantial de luz y sonido hacia el pasaje de hormigón del andamio. Además, la circulación de los vehículos cercanos a las puertas exteriores produce una variedad infinita de emisiones de luz (faros, intermitentes, luces interiores de los vehículos, semáforos...). El diseño de los agujeros cónicos a razón de 1.5-2.5, 2.5-5 y 5-10 y su disposición provocan que la luz sea capturada en el interior y se ofrezca al observador como destellos de color que vibran en el plano, como si se tratase de un panel de registro de luces y sonidos de la ciudad.

El proyecto consiste en el acondicionamiento de una edificación existente declarada como Bien de Interés Cultural, y tiene como objetivo la adecuación y puesta en valor de la Fuente de la Magdalena. Esta edificación está vinculada desde su origen a la preexistencia de un manantial, el cual sirvió durante siglos como equipamiento comunitario y posteriormente como depósito de agua para distribución también a edificaciones privadas mediante canalizaciones enterradas, es decir, los raudales. En la actualidad, debido al descenso del nivel freático, se encuentra seco y es objeto de excavaciones arqueológicas.
La propuesta parte de la premisa de la necesidad de recuperar el agua como elemento esencial del lugar. La recuperación va asociada al valor simbólico que ha tenido desde sus orígenes, razón principal de su interés como lugar de culto. Aspectos como el carácter cambiante del nivel freático en las distintas épocas, las numerosas intervenciones que se han realizado, los restos encontrados y documentados, los arreglos y destrucciones de acabados y muros…, han producido como resultado un “palimpsesto” de difícil lectura. En este sentido, el proyecto establece una valoración unitaria de la historia como proceso y no como forma o resultado.
El otro elemento esencial en este espacio es el aire, un aire húmedo con capacidad de proteger la fuente. Esta decisión procede de las hipótesis desarrolladas por los estudios históricos realizados por la Universidad de Jaén.
- El agua es contenida por una vasija de zinc, metal tradicionalmente vinculado al agua y con unas cualidades perfectas para ser reconocido como elemento ajeno al resto. Se trata de un contenedor elíptico con la instalación oculta de fontanería capaz de sugerir el movimiento natural que procedía de la boca del manantial. El agua rebosa por el borde, resbala por tensión tangencial y cae hacia el estrato inferior.
- La cubierta parcial es una vasija metálica invertida que captura la humedad y permite que la luz y el aire resbalen por sus bordes. Se conserva por tanto su carácter de espacio al aire libre, aunque esta vez matizando la luz cenital, a través de la creación de una “fuente invertida”.
- El suelo es un plano resistente capaz de mostrarse masivo como la piedra durante el día y traslúcido como un líquido o una tela de protección durante la noche, permitiendo ver el fondo y los restos arqueológicos protegidos.
- La puerta de entrada es tratada como una fachada interior registrable que modula la relación con el exterior: a veces hermética, a veces luminosa, otras permite la visión nocturna y el paso del sonido del agua, a veces se percibe como una puerta de un templo y otras como un acceso a una gruta.
El suelo elevado permite establecer una protección a los restos de la excavación arqueológica, y puede servir en un futuro como lugar de acceso a las galerías subterráneas del Raudal de la Magdalena, permitiendo entender el proyecto como una fase más de la recuperación de las señas históricas de la ciudad de Jaén.

Estado anterior
Situada dentro de una de las zonas urbanas de mayor trascendencia histórica, ocupa una de las principales terrazas de la ciudad romana y el epicentro de la ciudad omeya de Yayyan. Ya en el S.I se creó la primera gruta que dio origen a un manantial, de donde nació una importante tradición religiosa centrada en el culto al agua y dio nombre a la ciudad de Aurgi (Jaén). El desarrollo experimentado por la ciudad de Jaén entre los siglos XI y XIII llevó a sus habitantes a organizar la infraestructura hidráulica que ya poseía la ciudad. Este espacio vinculado al agua sirvió como equipamiento comunitario y posteriormente como contenedor de un depósito de agua para distribución también a edificaciones privadas mediante canalizaciones enterradas, es decir, los raudales. El resultado, la creación de una importante infraestructura que se distribuyó por el casco antiguo y que contribuyó enormemente a su propio desarrollo urbano.
Pese a las modificaciones sufridas, la fuente ha mantenido a lo largo de su historia la primitiva configuración arquitectónica, aunque se ofrece en la actualidad como un palimpsesto de intervenciones de compleja lectura; Planificado en época romana como una gruta procedente del manantial, convertido en un Ninfeo de planta absidal, utilizado como aljibe medieval de distribución subterránea de agua y terminado posteriormente con una portada monumental con arco de medio punto de grandes dimensiones.
Objeto de la intervención
La solución final va asociada tanto al valor simbólico al que la fuente debe su origen como a la necesidad de recuperar su dimensión de espacio público, integrando esta vez los aspectos interpretativos del patrimonio.
Las modificaciones que ha sufrido la Fuente de la Magdalena centradas en recuperar un estado original incierto y el constante descenso del nivel freático han derivado en un estado de ruina y abandono.
La Fuente de la Magdalena está declarada Bien de Interés Cultural y es escenario donde se desarrolla la Leyenda del Lagarto de Jaén. El proyecto constituye la última intervención del Plan Urban de Jaén llevado a cabo en colaboración entre el Ayuntamiento de Jaén y la Unión Europea. El proyecto persigue avanzar en la regeneración de esta zona urbana cuyo patrimonio monumental y cultural queda paradójicamente contratado por los grandes déficits existentes en cuanto a la cohesión social se refiere.
Descripción de la intervención
La fuente de la Magdalena ocupa un espacio descubierto de noventa metros cuadrados, entre una hilera de viviendas estrechas y alargadas, medianeras unas con otras y situadas en la parte alta del centro histórico de Jaén, concretamente en el barrio de la Magdalena. El perímetro de la planta viene determinado por una fachada simétrica con un gran arco de medio punto y un muro interior de tres tramos, dos rectos y medianeros con las viviendas vecinas y uno semicircular de carga.
El gran arco de medio punto creado se cierra mediante una puerta corredera de dos hojas, cada una de 9.20m de alto y 1.80 de ancho, situadas en la cara interior del muro. La puerta está realizada en chapa perforada de acero de 2mm plegada en V sin perfilería interior y colgada de un perfil superior que ayuda a la consolidación del arco existente. El resultado es un velo ligero y continuo a través del cual se filtran imágenes y sonidos del agua permitiendo la continuidad urbana entre la fuente y la calle exterior, tanto de día como de noche en los momentos en que es cerrada para su control. La fuente reproduce la planta y se acerca a la idea de contenedor de agua, pero esta vez identificando contenido y contenedor. Está construida por muros de vidrio azurre de 19mm apilados y fijados mediante materiales resinosos transparentes. El contenedor se adapta casi en su totalidad al aljibe que llegó a ser en la Edad Media y el flujo de agua rebosante hace referencia al rebosadero original que todavía se conserva.
Desde la entrada la imagen se reduce a un plano horizontal de vidrio y agua cuyos límites se pierden donde empieza la percepción de los tapiales y muros de contención de piedra. Su altura permite percibir desde el exterior un espacio inundado. Entre la lámina de agua y los muros perimetrales, el suelo de vidrio se convierte primero en escalinata y luego en escalera, conduciéndonos lentamente hasta el extremo opuesto. Allí, una vez por debajo de la lámina de agua (referencia del nivel original), descubrimos un espacio próximo a un aljibe. Una gran burbuja de aire utilizada como espacio interpretativo, donde aparecen los tres raudales principales que distribuían el agua. Aquí al final de este breve e intenso recorrido empieza la historia del Raudal de la Magdalena.
valoración
Después de tantas alteraciones de funcionamiento y modificaciones realizadas en los últimos diez siglos, heredamos un palimpsesto de difícil lectura que había perdido su relación física con el ciudadano, su función pública, hasta su cierre permanente. Este hecho sitúa al proyecto de arquitectura en un ámbito de discusión interesante: la necesidad de ampliación del concepto de espacio público. Para esto es necesario revisar los límites conceptuales entre espacio público contemporáneo, infraestructura hidráulica, fuente pública y equipamiento cultural.
De igual forma, ha sido necesario replantearse el propio concepto de recuperación y preguntarnos cómo integrar este último estrato desde la contemporaneidad, la necesidad de recuperar el valor esencial del lugar poniendo en valor los restos encontrados. El proyecto interpreta cada resto ofreciendo la misma validez a todos los estratos encontrados, validez que se fundamenta en la capacidad de cada pieza para explicar los acontecimientos que lo han construido a lo largo de los siglos. En este sentido, el proyecto establece una valoración unitaria de la historia como un proceso unico.
En este sentido, la materialidad del agua nos ha prestado su valor asociado tanto simbólico como conceptual, protagonista del desarrollo urbano. La piedra, encargada durante siglos en contener la tierra y preservar el espacio que el agua necesita para ser ofrecida, nos ha prestado su sistema constructivo. El vidrio, finalmente, nos ha regalado su capacidad para recibir ambos préstamos y ofrecer la experiencia que significa sumergirse en la historia de este lugar.

En las cercanías de Granada, el Ayuntamiento de Ogíjares propone rehabilitar una antigua vivienda-secadero abandonada y convertirla en biblioteca pública municipal.
El proyecto propone continuar la nave de muros de tapial del secadero existente mediante una estructura de madera, agotando la superficie edificable en la zona verde y disponiendo el resto de la superficie necesaria bajo rasante. Esta estructura de madera duplica la longitud de la nave existente evocando las estructuras de los "secaderos de tabaco", característica en el paisaje de la Vega de Granada.
La actividad agrícola de los secaderos llegó a su auge en la década de los cuarenta, cuando más de la mitad de los terrenos cultivables del área se dedicaban a la producción tabacalera. Luego hubo una progresiva recesión hasta la crisis definitiva de los noventa, cuando dejó de ser un tipo de cultivo subvencionado.
El volumen de madera se inspira en la tipología de secaderos de palo. Son construcciones rurales y anónimas que utilizaban rollizos de chopo como estructura y tablas de la misma madera como cerramiento. Es decir, son estructuras que resuelven su función empleando los mínimos recursos, dejando al desnudo la esencia de su sistema constructivo. Esta sinceridad constructiva se expresa mediante un volumen de madera autoportante apoyado sobre muros de hormigón.
La estructura está compuesta por 162 pórticos de madera de elondo. Cada uno tiene una geometría distinta donde la altura de los pórticos desciende progresivamente. En el interior, la estructura sugiere la imagen de una novedosa armadura mudéjar.

El proyecto se sitúa en la Costa Tropical, concretamente en Castell de Ferro (Granada). Este enclave de la costa mediterránea es bastante desconocido. Su clima inmejorable durante todo el año es óptimo para el cultivo agrícola intensivo, que se realiza bajo invernaderos.
El edificio existente fue construido por la Falange Española de la JONS (Juntas de ofensiva nacional sindicalista) en los años cincuenta, como instrumento de control militar de la zona. El ayuntamiento de Gualchos-Castell de Ferro planteó recuperar este edificio como Centro de Interpretación de la Costa Tropical. La propuesta es consecuencia de la siguiente reflexión: el centro de interpretación no sólo debía tener unos contenidos que explicasen la historia, la arqueología, el patrimonio y los recursos de la zona a los visitantes sino que era la propia arquitectura la que debía transmitir con su lenguaje este mensaje.
La solución consiste en la creción de una nueva piel interior de plástico, referencia directa al elemento patrimonial más importante de la zona: el invernadero. La nueva envolvente, exenta del cerramiento existente crea un espacio instersticial donde se resuelven las instalaciones necesarias para el equipamiento.
El material elegido es un policarbonato celular translúcido, de dimensiones 7000 x 2100 mm y 20mm de espesor. El uso coherente del nuevo material transforma radicalmente el espacio interior, sustituyendo la alternancia de luces y sombras por una luz natural homogénea y difusa, conseguida gracias al tono blanco hielo de las planchas de policarbonato.